El fin de mi bloqueo pictórico: Gracias al cortocircuito.

Hoy fue un día bastante extraño y a la vez especial. Desperté como todos los días, fui a dejar a mi hija al jardín y a las 9:30 estaba en mi taller, que como es un subterráneo estaba congelado -ya les he contado lo frío que es en invierno- así que puse dos estufas eléctricas un rato para que se calentara rápido. En eso, se me olvidó que vivo en una casa vieja y de madera y que por lo tanto los cables son igual de viejos y que se puede incendiar. Así que para rematar, me hice un tecito y prendí el hervidor. Paf, se cortó la luz en toda la casa. Fui a dar la luz, y las de la casa funcionaron pero las de mi taller no. Al rato, llega mi marido a preguntarme qué había pasado, y fue a mi taller a mirar. Volvió pálido porque estaban saliendo chispas y había olor a quemado. Como afortunadamente es un pintor con alma de maestro, arregló el problema. Quedé tan impactada de mi inconsciencia que lo único que pude hacer fue dibujar y pintar los tulipanes que había comprado para mi casa, rompiendo así con un período de más de un mes sin pintar prácticamente nada. Entre medio empecé a armar mi Sala de Clases para que se transforme en estudio de TV digital (wow, todavía me da nervio, lo reconozco!!!) y llegó mi hija del jardín y se puso a pintar conmigo usando “tus colores mamá porque son mejores!”. Así que comprenderán que tuve que hacer el mayor ejercicio zen del último tiempo, y logré terminarlos en unas horas a pesar de los empujones a la mesa, las peticiones de cosas, el llevar a hacer pipí, dar la leche y todas esas cosas maternales que en general no comento porque son naturales y no tienen nada que ver con pega.
         
En conclusión, puedo decir que no hay que asustarse cuando nos viene un bloqueo que nos impide hacer lo que más nos gusta hacer. De la nada surgen situaciones más o menos bizarras que, como un golpe eléctrico, nos dan el impulso necesario para retomar. Y aunque mis tulipanes de hoy pueden no ser los más maravillosos del mundo del tulipán, yo los aprecio mucho y les doy las gracias por estar ahí cuando llegó la energía ilustradora de vuelta. No por nada existió por allá por 1700 y tanto, la fiebre del tulipán en la vieja Holanda.

Salir del taller, salir a la ciudad, salir al mundo.

Los primeros días de este mes, me sentí agobiada por el invierno, las responsabilidades, las tareas de la vida y el trabajo y sobre todo el frío. Pensé: agosto es el mes que menos me gusta. Mi taller estaba congelado, y me pasó que por primera vez en mucho tiempo, no tenía ganas de pintar. Al principio me invadió una culpa espantosa. ¿No tienes ganas de pintar, eh? Y todavía hay muchas pinturas por entregar. Y muchos ejemplos que dibujar y diseñar y terminar. Glup.
Varias veces me senté en mi mesa y me tomé dos horas para hacer algo de 10 minutos. Pasaron varios días así hasta que me di cuenta de mi estrechez mental y auto exigencia y me dije: Esta no es la solución.
Entonces, decidí dejar de torturarme y en cambio, le di la mano a la idea de “no pintar feliz”. Y ¿qué he hecho este mes? Tomar té, hablar con muchas personas, recibir varias invitaciones muy interesantes porque, algo pasó que justo en agosto me han llegado propuestas súper atractivas e inesperadas. Y por mi parte también me he acercado a gente que no conocía personalmente pero que admiraba a la distancia, por las redes sociales. Además, he tenido muchas ideas, unas mejores que otras y por eso, me puse a estudiar concienzudamente muchos temas que no había querido tocar antes. Supongo que es una pequeña coyuntura de cara a los 10 años ejerciendo como ilustradora botánica. Una cifra redonda, más que pintada para hacer balances y proyectar el futuro. En mi caso, no puedo pasar muchos años haciendo las cosas de la misma manera. Por eso de vez en cuando me vienen las comezones y tengo que generar algo nuevo, una evolución o replanteamiento. Pienso en expansión, crecimiento, salir de la zona de confort -otra vez. 
Entonces para cerrar, mi conclusión es que agosto no es tan malo a fin de cuentas y que en esta vida debemos hacernos el tiempo para todo. ¿Para qué sufrir con el trabajo que más adoro hacer, si puedo dedicarme un rato a otras cosas, a nutrirme, a conversar, intercambiar opiniones y pasear sin rumbo?
Les deseo un excelente resto del mes, que por suerte ya nos está mostrando un poco de sol.
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