“Qué podemos aprender de la maravillosa ilustración botánica japonesa”

La cultura visual de oriente llega a nosotros en muchas formas y a través de muchos canales. Mis primeros recuerdos de arte de países orientales se remontan a los restoranes chinos que visitaba con mis padres. Siempre me impresionaron los colores vívidos, las formas, y todas las representaciones de animales, personas y plantas.

“Double Dragon”, Geraldine MacKinnon 2003

Japón es un caso especial para mí. Como muchos de ustedes probablemente, crecí viendo dibujos animados japoneses. Aunque no tienen una relación directa con la ilustración de plantas o la historia del arte botánico, hay estéticas comunes que se transmiten a través de todas las imágenes que produce una cultura. La cultura japonesa sin duda tiene esa cualidad en que todo lo que hace está fuertemente marcado por su idiosincrasia, historia, herencia cultural, filosofías y estética. Su arte es muy reconocible, y encierra siglos de ejercicio, observación, oficio, conocimiento y sobre todo: poesía.
Una película de animación japonesa contemporánea que da cuenta de esta estética y filosofía es “El cuento de la Princesa Kaguya”, dirigida por Isao Takahata, de Studio Ghibli. (2013)
“The tale of Princess Kaguya”, Studio Ghibli 2013.

La ilustración botánica en Japón, ¿es diferente?

Vamos a comparar dos ilustraciones de Caladium, planta de la familia de las Aráceas (como las Calas y el Manto de Eva). La primera, es una xilografía de Chigusa Soun, artista japonés, de alrededor de 1900. La segunda, es una ilustración de la misma planta, pero hecha en occidente por algún ilustrador botánico europeo (no determinado). Si comparamos ambas visiones, saltan a la vista las diferencias entre una forma de ver y la otra. La primera imagen, interpreta a la planta en el espacio, ocupando un lugar en el mundo. Aunque no utiliza la perspectiva como la conocemos en occidente, nos transmite esa sensación de atmósfera, calma, y el movimiento de la planta. El encuadre es muy osado y aun así logra mostrarnos cómo es el Caladium. En la segunda, tenemos la visión occidental científica, que nos quiere dar la mayor cantidad de información en el espacio que el rectángulo del cuadro puede contener.
                                           

Encuadres y composición.

El uso del espacio y la composición son muy característicos de las ilustraciones botánicas japonesas. En este libro, vemos cómo la imagen horizontal se toma dos páginas completas, pero respetando los márgenes establecidos. Aquí el cerebro del observador es el que une ambas imágenes formando el total. Al mismo tiempo, las dos pinturas visualmente pueden funcionar por separado. Esta libertad generalmente no la vemos en la ilustración botánica tradicional de Occidente.
                      

Japón y el naturalismo científico europeo.

En tiempos del apogeo del naturalismo científico en Occidente, cuando los barcos surcaban los océanos buscando tierras inexploradas y recursos naturales en países desconocidos, en el encuentro de Japón y Europa se produce inevitablemente, un intercambio de miradas. Artistas japoneses se dedican a ilustrar sus plantas para registrarlas y hacer un inventario de las especies que los rodean, sin embargo, no adoptan totalmente el estilo científico que traen los extranjeros. Ellos adaptan la mirada científica y la mezclan con la visión poética, donde las emociones no son dejadas de lado. El significado de “objetividad” no debe ser lo mismo en ambas culturas. En la cultura japonesa, el arte botánico no intenta desprenderse del espíritu del autor ni eliminar la mano del artista en pos de una representación “verdadera”.
Esto, ¿hace a este tipo de ilustración menos valiosa? ¿cuál es el criterio y quién lo decide?
Iris azul, de Kawahara Keiga (1786 – 1860?).
Kan’en Iwasaki, 1786-186?. Botánico, zoólogo y entomólogo japonés.
Amapola y Claveles.

El oficio, el artista y las motivaciones.

Personalmente, pienso que como ilustradores naturalistas debemos estudiar formas de representación de las plantas y el mundo de otras culturas, tiempos y pueblos. Al mantener en nuestras mentes una idea única, un “deber ser” de la ilustración de naturaleza, estamos perdiendo la oportunidad de crear nuevos lenguajes. ¿Por qué no sumar aspectos emocionales o poéticos a lo que observamos? ¿Por qué debemos restringirnos a las normas impuestas por una de las culturas que pueblan nuestro mundo? Crear expresiones nuevas es difícil. Japón no llegó a su arte en 200 años, si no en varios siglos más.
Además de la visión del mundo y la naturaleza que se plasma en estas pinturas y xilografías, está la bella ejecución. En Japón y las culturas asiáticas en general, el oficio y la disciplina son valores que se mantienen hasta el día de hoy. Los artesanos de la cerámica, del papel, de los textiles, de la madera, etc., se dedican a perfeccionar sus oficios durante toda la vida. El tiempo, la paciencia y la dedicación son claves para lograr la maestría, además de la humildad para comprender que siempre podemos aprender y seguir mejorando. Honrando al oficio y dándole el lugar que corresponde en nuestras vidas, podemos llegar a ser maestros.
Kobayashi Kokei (1883 – 1957) Althaea rosea, Malva.
Esto es muy difícil en el mundo actual. Tenemos miles de tareas, relaciones y estímulos que nos sacan de la práctica constante del oficio. El tiempo se hace escaso y la vida nos demanda mucha atención. Por eso, siempre mantengo esta idea en mente: intento dibujar al menos una cosa, por muy pequeña que sea, al día. No ha sido fácil en el último año, en que he decidido formar mi escuela online y llevar mi trabajo a un nivel mucho más complejo. Las tareas administrativas del día a día le roban mucho tiempo a mi arte. Pero he elegido no desesperarme: prefiero que cada vez que tengo la oportunidad de hacer un dibujo o pintar un par de colores, sea un placer. Pienso en los proyectos que tengo y los que quiero hacer. Compré un pequeño diario donde empezaré un nuevo desafío de pintura que pronto compartiré con todos. En fin, hay maneras de estar conectada con el oficio a pesar de no poder dedicarle todo el tiempo que quisiera.

Te presento a dos ilustradoras botánicas japonesas contemporáneas brillantes:

Akiko Enokido.

Un día que estábamos trabajando en Kaua’i, me acerqué a mirar a Akiko pintar. Le pregunté: “¿por qué los japoneses parecen tener un talento innato para la pintura, y aunque empiecen a hacerlo a una edad avanzada les sale maravillosamente?”- ella pensó un rato y luego me contestó: “en Japón, tenemos clases de caligrafía con pincel desde los 5 años de edad, y al menos 5 horas a la semana durante toda la escuela. Creo que eso hace que los pinceles y los trazos nos sean familiares, y por lo tanto aprendemos rápido a pintar cualquier cosa”. Esto es tan cierto! La práctica hace al maestro, y si a eso le agregamos que la cultura japonesa tiene una visión estética maravillosa que está fuertemente arraigada en su gente, el resultado no puede ser otro que belleza y maestría.

Akiko Enokido – Camelia japonica – acuarela sobre vellum.

Asuka Hishiki

Asuka es una pintora muy prolífica y creativa. Ella nos lleva más allá de la ilustración botánica científica y nos transporta a su mundo de observación, donde se fija en detalles insólitos, colores brillantes, frutas diferentes, insectos y formas poco usuales. Le gusta mucho pintar plantas comestibles y siempre elige modelos que otras personas dejarían de lado. Inventa fusiones entre plantas e insectos. Es una verdadera artista.
Estudió Artes Visuales y vive en Osaka, pero viaja permanentemente a residencias y exposiciones.
Un día en que íbamos en un auto varias ilustradoras en Kaua’i, le pregunté: “Asuka, ¿por qué haces tan poquitas clases? Apenas un par de talleres de dos días al año y unas semanas en la universidad. ¿A qué se debe?” Ella contestó: “Quiero mantener el estándar de mi arte lo más alto posible. No hago clases simplemente porque me quitaría demasiado tiempo y mi arte es mi prioridad absoluta”. Nada más que decir, pero sí me da para pensar. Sin duda tiene toda la razón: para llegar a la maestría y a sentir que la obra realmente progresa y crece, es necesario dedicarle mucho, mucho tiempo. Esto, para mí al menos, que hago muchas clases y cosas que necesito para poder mantenerme y aportar a mi familia, es muy difícil. Mientras más exigencias pone la vida, menos tiempo tengo. Pero este año me hice una promesa: Pintar o dibujar una vez al día, aunque sea por 10 minutos. No dejar de tener proyectos de ilustración y luchar para que las condiciones de trabajo mejoren y así pueda hacer lo que más disfruto, que es pintar.
Asuka Hishiki – “Kind-hearted monster, portrait of a heirloom tomato”.
Seamos más como los maestros japoneses: cultivemos el oficio porque no hay nada como lo hecho a mano.
Y tú, ¿qué piensas de todo esto? ¿Te has detenido a mirar a maestros de otras latitudes, lejos de Occidente? ¿Haces lo posible por cultivar tu oficio más allá de las circunstancias? ¡Cuéntame en los comentarios!
Links:
Escena de El Cuento de la Princesa Kaguya https://vimeo.com/182062047
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