Un momento clave.

La semana recién pasada se vivieron momentos interesantes e intensos en la Biblioteca Nacional de Santiago (BN), con motivo del lanzamiento del esperado libro de ilustraciones de plantas chilenas “Plantas de los Bosques de Chile”, del Royal Botanic Garden Edinburgh (RBGE), ilustrado por cuatro artistas, dos de ellas las más destacadas: Gülnur Eksi e Isik Guner, ambas de Turquía.
Hace ya 6 años que conocí a estas artistas que, por esas cosas que pueden pasar en la vida, terminaron participando de un ambicioso proyecto que les tomó 8 años concretar y dicho sea de paso, cambió sus vidas.
No hablaré de lo que significó el RBGE en todo esto y en mi propia carrera, pues ya lo he contado en otros posteos (ver posts de los años 2012 y 2013). 
Quiero comentar lo que pude observar en estas arduas jornadas trabajando; algo que ya se viene gestando hace tiempo, pero se manifestó con fuerza los días 28 y 29 de abril en particular.
El horticultor y botánico Martin Gardner, ideólogo y gestor del libro durante el lanzamiento en la BN.
(Foto: Facebook Biblioteca Nacional)


Gülnur e Isik pasaron incontables horas dibujando y pintando plantas de nuestro país que crecen en jardines botánicos del Reino Unido y en menor proporción, en nuestro territorio. Cuando iniciaron este viaje, ambas eran aprendices de la ilustradora botánica de Kew Gardens Christabel King, quien viajó a Turquía entre los años 2002 y 2006 por una semana cada año, para enseñarle su oficio a jóvenes entusiastas locales. Mujer rigurosa y científica, les enseñó las bases de la representación de plantas vivas. Estando entre las alumnas más talentosas, ambas jóvenes partieron a Escocia el 2007 para tomar cursos, y ahí apareció la gran oportunidad. 
Fue un golpe de suerte y una alineación planetaria, sin duda. Martin Gardner tenía esta idea hace unos 20 años, y en sus visitas a Chile, extrañamente, no logró dar con ningún ilustrador botánico local. Este es un episodio algo nebuloso de la historia; algún día me atreveré a preguntar directamente qué ocurrió en esa búsqueda.
Pasaron los años, y recién el 28 de abril de 2016 vimos el libro en nuestro país. Unos pocos ejemplares lograron llegar gracias a una alianza con El Mercurio que, como demuestra la historia contemporánea chilena, no dio el ancho para tal tarea. De los pocos ejemplares, un porcentaje bajísimo pudo llegar a manos de compradores comunes y corrientes. Instituciones importantes, quedaron sin una copia para sus bibliotecas y por lo tanto, el libro permanece accesible a un pequeño número de personas.
*Nota sobre este punto: Josefina Hepp me aclara que se están haciendo gestiones para donar ejemplares del libro a otras bibliotecas de instituciones afines al tema.*
El lanzamiento fue emocionante y una audiencia compuesta por grandes personajes de la botánica chilena pudieron conocer a las artistas en persona y escuchar directamente sus experiencias realizando este hermoso trabajo. Las ilustraciones que realizaron estas dos mujeres, amigas y queridas colegas, son preciosas. 
Algunas de las ilustraciones del libro pueden verse en la BN, hasta el mes de junio. ¡No deben dejar de ir!
(Foto: Facebook Biblioteca Nacional)



Las felices artistas junto a la Embajadora de Turquía.
(Foto: Facebook Biblioteca Nacional)


En el contexto de este evento, hubieron otras actividades que quiero comentar. En primer lugar, la BN montó la exhibición “Chile: Naturalmente Bello”, que recopila ilustraciones, libros y otros materiales que cuentan la historia de la ilustración de plantas en nuestro territorio.
En segundo lugar, se desarrollaron dos talleres de ilustración botánica totalmente gratuitos en la BN: uno básico dictado por Gülnur Eksi y la talentosa ilustradora botánica chilena Andrea Ugarte y otro avanzado, dictado por Isik Guner y yo. Las encargadas del Área de Extensión de la BN recibieron más de 300 postulaciones, que consistían en datos personales, taller al que quería postular el candidato y una carta de intenciones de una plana. Hacer la selección fue una tarea muy difícil, pues solamente habían 12 cupos por taller. Los criterios principales eran interés por la naturaleza y el naturalismo, poco acceso a esta disciplina, habilidades en dibujo, ocupación relacionada. 
Los alumnos participantes tuvieron una experiencia que esperamos les haya servido y sobre todo haya despertado aun más su interés en este campo.

En clases con Isik

Una anécdota que me entristece y que debo mencionar, es que muchas de las personas que no fueron seleccionadas, enviaron correos e hicieron llamadas telefónicas interpelando de manera muy agresiva a las encargadas del Área de Extensión de la BN. En vez de comprender que las probabilidades eran bajas ante un evento gratuito en una institución pública y aceptar los hechos, se lanzaron con toda su rabia contra las personas que con mucho esfuerzo organizaron la instancia. Es un punto negro para nuestra cultura actual, que da todo por hecho, por sentado y quiere todo “para mí porque sí. Sentí una gran decepción y pena, y por qué no decirlo, mucha molestia con esta clase de manifestaciones.
Material de clases en la BN.


Afiche de la charla que realizamos el día viernes. Sin ninguno de nuestros compañeros de
grupo ni apoyo técnico, logramos expresar nuestras ideas e intercambiar opiniones, hasta con 
momentos conflictivos.


El evento que más, en mi opinión dio que pensar, fue la charla que realizamos las cuatro artistas (Eksi, Ugarte, Guner, MacKinnon) el día viernes 29 durante la tarde. 
En una sala pensada para 70 asistentes, tuvimos más de 100, de todas las edades y procedencias. Para nuestra mala fortuna, falló el equipo de audio y el proyector apenas mostraba nuestros trabajos: se veían muy mal.
Pero a pesar de todas las fallas técnicas y la necesidad de traducir a nuestras compañeras turcas, logramos una conversación activa y muy rica con los asistentes. 
Ver la sala tan llena me trajo un fuerte sentimiento de ir por el camino correcto, de trabajar junto a las personas correctas.
Lo más importante de todo, es darme cuenta de que en este momento de crisis ambiental, política e ideológica, hay un nuevo movimiento que se abre camino de manera transversal, cautivando a viejos y jóvenes por igual. La ilustración de la naturaleza, la contemplación de lo que sucede en nuestro paisaje a través del dibujo científico, la reflexión desde el nuevo naturalismo abre una ventana en un momento donde cuesta encontrar la pertenencia a alguna idea. Este es un fenómeno en Chile y en toda Latinoamérica.
Es esto lo que me hace más feliz, corrobora mis sospechas y me llena de ganas de seguir.
Y como apéndice, quiero agregar: es hora de que los ilustradores botánicos chilenos tomemos las riendas de nuestras grandes publicaciones. Tenemos el talento. Sólo falta el entrenamiento y aprender cómo se hace en el circuito internacional.

Curso de Ilustración Botánica del Royal Botanic Garden en la Católica

Estimadas amigas y amigos,

Tengo el agrado de contarles que ya se abrieron las inscripciones para el Curso de Ilustración Botánica del Royal Botanic Garden Edinburgh que impartiré en colaboración con el Instituto de Geografía de la UC. 
Este curso es para principiantes, iniciados e incluso para los más avanzados.
Inicio de clases: martes 28 de mayo.
Horario: de 10:00 a 16:50 hrs.
Dónde: Instituto de Geografía, Campus San Joaquín.
El Programa, valores y otras informaciones estarán disponibles a partir de mañana en el sitio web del instituto: www.geo.uc.cl   

Link directo: http://www.geo.uc.cl/html/ilustracion_botanica.html

Programa (PDF): http://www.geo.uc.cl/pdf/Folleto_CBI_2013.pdf

Consultas a: mlagos@uc.cl  y  lmunozv@uc.cl  / 02 23544716
Saludos a todos!!!!
Geraldine.

El dibujo me llama: algunas conclusiones

Euchryphia glutinosa, ilustración en acuarela, colección Royal Botanic Garden Edinburgh.
Han pasado casi dos semanas desde que volví de mi periplo por Escocia y todavía estoy procesando toda la información y vivencias del viaje. El aterrizaje ha sido lindo en lo familiar (nada como volver al hoar) y al mismo tiempo un “piquero” al mundo “real” de los trámites y la burocracia.
Es ahora cuando intento pensar qué ha significado la oportunidad de trabajar en un jardín botánico de esa envergadura, en el contexto puramente científico, en un país con una larga tradición jardinera, botánica y naturalista con el que además tengo un lazo sanguíneo que ha sido parte importante de la experiencia. Aunque todavía no lo tengo del todo claro, quiero compartir algunas de mis primeras conclusiones con ustedes. 
Lo primero que me pregunté al volver, es por qué nuestro país me da la impresión de retroceder en vez de avanzar en temas que tienen que ver con conservación y educación ambiental: estamos dejando todo en manos de privados, queremos que ellos sean quienes decidan sobre cuándo y cómo explotar los recursos naturales y además que se preocupen de invertir en proyectos de conservación. Si el Estado abandona al medioambiente a su suerte (en manos de compañías que sólo velan por el buen resultado de sus inversiones a corto plazo, sin importar las implicancias de éstas), abandona también a las personas que lo habitamos y contamos con él para nuestra vida -en el más puro sentido-: nuestro lugar, nuestro sustento, nuestro pasado, presente y futuro. 
Gran Bretaña y Escocia también tienen el mismo dilema: hay conflictos con el uso de los suelos, se están vendiendo cada vez más terrenos a industrias contaminantes (aunque existen estándares mucho más altos que las industrias deben respetar), las especies de animales salvajes cada vez son menos -los grandes mamíferos de las islas británicas ya no existen- y la flora nativa ha ido cambiando su configuración a medida que se han introducido y asalvajado miles de especies extranjeras -no olvidemos la fiebre por el coleccionismo de los ingleses-, por lo que los lugares que conservan la denominación de “nativos” o intocados son casi contados con los dedos, y tienen algún grado de intervención. Pero, y he aquí la diferencia: el Estado invierte una enorme cantidad de recursos en la creación y mantención de jardines botánicos y recreacionales, invierte en investigación y en programas de conservación y re inserción de especies casi extintas, en educación y en profesionales que garanticen la continuidad de estos esfuerzos en el tiempo. Y esto no es nuevo, tiene ya varios siglos, desde que surgieron los primeros jardines botánicos en el siglo XVII.
Si nosotros queremos alcanzar el rótulo de país desarrollado, no podemos enfocarnos solamente en la industria y la economía: debemos procurar también un nivel educacional y cultural que nos permita dialogar a la par con los países con más desarrollo histórico, y esto incluye desde la educación de mejor calidad y acceso en nuestras escuelas hasta la inversión en capital cultural y ambiental concreto, como son los jardines botánicos -que son centros de investigación, no de recreación-, los zoológicos y los museos. La única forma de que nuestros ciudadanos cuiden y aprecien su país, que valoren lo que tienen y dejen de botar las clásicas cáscaras de sandía y pañales en las playas, es que sepan lo que vale Este país, Su país. Y se asombrarían al saber lo admirada que ha sido por siglos nuestra flora y nuestra geografía tan particular a los ojos de los extranjeros.
Fuchsia magellanica, dibujo previo a lápiz. Royal Botanic Garden Edinburgh.
Es en el contexto de esta reflexión que me pregunto ¿por qué hago lo que hago? ¿Cuál es el sentido? ¿Qué/quién quiero ser? ¿Puedo como artista llegar a ser un agente de cambio real en esta maquinaria que parece no detenerse, que no quiere pensar? Obviamente estas preguntas se contestan con acciones y se necesita mucho tiempo para saber las respuestas.
En este viaje aprendí mucho del oficio de la ilustración botánica y de la importancia que tiene en el ámbito científico. Veo esta disciplina como una herramienta capaz de tocar sensibilidades, de educar, de dar a conocer, informar, embellecer, y sobre todo evocar esas sensaciones indescriptibles que la naturaleza provoca en las personas. Y vuelvo a caer en la vieja premisa de que una imagen vale más que mil palabras, y aunque suene cursi y cliché así es.
Pensando en esto, me reencuentro todos los días con el placer de querer seguir dibujando y pintando plantas, animales o lo que sea necesario y como me de la gana. Es esa necesidad de destacar cada especie y decir “yo lo vi, lo conocí, quiero que tú también lo veas y lo conozcas, así como yo lo veo”. Muchas veces me cuestiono (¡siempre!) y pienso: “bueno, ya sé dibujar y pintar, puedo “copiar” las plantas y lo que sea. Pero, ¿qué hago con eso? Quiero copiar cosas simplemente o agregar ese algo más que agregan (agregamos) los artistas a lo que hacen? ¿Por qué vivo preocupada de eso? “.
Me incomoda esta preocupación, al mismo tiempo que me desafía. Siento que tengo (¡y quiero!) tanto que hacer en el ámbito de la ilustración científica -donde más encima me preocupa desarrollar y mostrar un estilo propio dentro de los cánones exigidos-, y a la vez pienso en que mi obra como artista debe traspasar las fronteras de la ilustración y cuestionar esos límites en pos de algo propio, nuevo, original, etc. Pero, ¿cómo lo hago? ¿qué hago? ¿quiero hacer eso? Ya lo sabré.
Trabajando en mi escritorio del Herbario del Royal Botanic Garden Edinburgh.

¿Alguna conclusión por el momento, después de tantas vueltas? Sí. Es momento de asimilar lo aprendido, aplicar lo nuevo, mejorar. Hacer, trabajar, pintar lo que quiera. Disfrutar lo que sé hacer, lo que me gusta. Invitar a más personas a aprender; enseñar un oficio que es en sí mismo una escuela: de dibujo, de meditación, de color, de pintura, de observación y de conocimiento profundo: el dibujo es quizás una de las mejores formas de conocer y valorar lo que hay a nuestro alrededor. Es esa conexión personal, espiritual y física con lo que vemos.
La principal tarea: poner en práctica las ideas. No detenerme. Espero que ese acto me ayude a transmitir lo que pienso de manera que las imágenes toquen las puertas correctas.

Vista del Palm House (invernadero de palmeras) del RBGE desde el jardín de plantas chilenas “Chilean Terrace”. Se puede ver la Lobelia tupa en flor (flores rojas).

Enseña lo que sabes

Ejercicio que realicé en la clase de Rachel Pedder-Smith
Es tan importante encontrarse con buenos maestros en el camino: personas generosas, que sepan bien su oficio y con quienes podamos contar para aclarar dudas pero que al mismo tiempo nos den el espacio y la libertad necesarios para encontrar el camino propio. Estos maestros y maestras se graban en nuestras vidas y suelen volver a aparecer en la memoria en momentos especiales e inesperados. Me pasa mucho con dos profesoras que tuve en el colegio: la de enseñanza básica y la de media. Dos mujeres increíbles, cada una en su estilo, me enseñaron cosas mucho más importantes que los contenidos del currículum y que forman parte de lo que soy.
En esta estadía he tomado varios cursos con artistas botánicas que provienen de las artes visuales, de la botánica o la biología o incluso de haber descubierto este camino después de muchos años de hacer de todo. Lo entretenido es que ya son varias en la lista y cada una me ha enseñado cosas distintas, aunque todas se dedican al mismo tema. Es muy interesante conocer el punto de vista de cada una desde lo técnico hasta cuál es su conexión con la naturaleza y las plantas.
La pintora y artista botánica Pamela Richardson haciendo su clase
Pamela Richardson es una artista irlandesa que vive hace muchos años en Escocia y enseña ilustración botánica en el certificado del RBGE. Estudió bellas artes en Edimburgo y además es profesora en un colegio (¡de hecho somos parecidas!). Sus trabajos son muy bonitos y bien logrados. Le interesa sobre todo mantener su estilo personal y no caer en la ilustración científica acartonada que se distancia de su autor. Es muy amena al enseñar, lo que se agradece mucho. Con ella aprendí un nuevo sistema para articular mis composiciones y sobre todo a tomar buenos apuntes y registros de mi espécimen. 
Mostrando mis trabajos a los alumnos que comienzan 
el Diploma en Ilustración Botánica

En una ocasión, mi supervisora Jacqui Pestell nos hizo una invitación a la artista botánica de Turquía Gülnur Eksi y a mí a mostrar nuestros trabajos y conversar con los alumnos nuevos del Diploma in Botanical Illustration del RBGE. Fue una experiencia muy enriquecedora, pues tuvimos la oportunidad de hablar sobre nuestra postura como artistas y compartir varios tips técnicos. Fue interesante también porque ellos pudieron ver dos obras totalmente diferentes: Gülnur produce ilustraciones botánicas científicas de excelencia, tan bien hechas que la gente pone caras de “Oh!!!”. En mi caso, los trabajos muestran una visión de naturalista, que incluye plantas animales y textos en los títulos apoyados en la precisión técnica de la ilustración científica. Conocer estos contrastes es muy importante para las personas que están aprendiendo, y es bueno también para las artistas conocerse más y comentar los trabajos ante un grupo.


Mi supervisora y profesora del diploma, Jacqui Pestell.

La artista botánica Gülnur Eksi demostrando técnicas de acuarela 

Otra profesora de la que hablé en un post anterior, es Rachel Pedder-Smith. Aparte de ser Doctora en Artes Visuales e ilustradora botánica, Rachel enseña su técnica y habla sobre cómo ve ella la ilustración botánica y el arte de tal manera que lo primero que uno quiere hacer saliendo de la clase es ponerse a pintar semillas. Además, su trabajo es espectacular y muy inspirador. Una particularidad de esta artista es su relajo en contraste con las demás: usa solamente dos pinceles, uno viejísimo que está medio roto y uno sintético que cambia todas las semanas. Mezcla los colores con total confianza y ni siquiera se fija en el nombre. Su paleta está llena de colores y no la limpia 20 veces antes de volver a empezar. Así y todo, el trabajo que produce es alucinante.

Cada persona tiene algo que enseñar y compartir. Lo importante es estar abiertos a recibir, y también a dar. Enseñar, educar y aprender son acciones que ayudan a construir un mundo habitado por mejores personas, más felices y capaces de vivir sus vidas más satisfactoriamente. Por eso, enseña lo que sabes.


La talentosa Rachel Pedder-Smith enseñando a pintar
semillas con su técnica personal

La paleta de Rachel P.S

Atentos a los siguientes posts para conocer otras artistas del RBGE.

El largo proceso de aprender

Estudio de color y textura en acuarela de Lapageria rosea, nuestro
querido Copihue.

Ya van casi tres meses de trabajo en Edimburgo y puedo hacer un primer balance de lo que ha sido esta experiencia. Primero que nada, ha sido increíble poder contar con la ayuda y la amistad de mis supervisores Martin Gardner, Jacqui Pestell y de la encargada de Educación Susie Kelpie quien me recibió en su casa y ha sido un tremendo apoyo durante este largo tiempo lejos de casa.

El trabajo en el jardín botánico ha sido intenso y muy nutritivo, pues he podido conocer a varias ilustradoras* de gran trayectoria que me han enseñado muchas cosas fundamentales, sobre todo la observación, la disciplina y la dedicación a un trabajo que requiere de mucha concentración y conocimientos. Durante este tiempo he podido trabajar profesionalmente, con toda la infraestructura y asesoría que se requiere para realizar los estudios más completos de cada especie que me toca representar.
Todas las mañanas comienzo mi sesión de dibujo en el tercer piso del Herbario, donde están almacenados miles de epecímenes de plantas de todo el mundo, incluyendo varias joyas históricas recolectadas por Charles Darwin y otros naturalistas famosos -¡y antiguos!. A mi alrededor trabajan botánicos con diferentes especialidades que hacen estudios genéticos y de otras clases, todos ellos siempre dispuestos a conversar y a compartir su trabajo y experiencias. 

La mutisia en mi escritorio, lista para dibujar.

Para esta pasantía se me encomendó realizar 12 ilustraciones lineales -es decir, dibujo sin aplicación de tonos o colores- de plantas chilenas que forman parte de la colección viva del jardín. Algunas de ellas son especies amenazadas. Al principio, pensé “uff, plantas chilenas, con lo que me encantaría hacer algo de otros países, algo nuevo…” , pero el tiempo y el hecho de escuchar a otras personas (¡extranjeras!) hablando de nuestra flora me hizo cambiar mi forma de pensar. Y no es que no valore lo que tenemos en nuestro país, simplemente era la idea de viajar a pintar lo desconocido.

Mi supervisor botánico Martin Gardner, tiene una estrecha relación con la flora chilena y plantea que es única y muy especial, debido a la particularidad de nuestro clima y geografía. Ha visitado más de cuarenta países en viajes de recolección de especímenes y sus paisajes favoritos están en Chile. Este es un potente mensaje que nos recuerda lo importante que es proteger nuestro medio natural.

Dibujo a lápiz de la mutisia en mi croquera. La idea es representar
las características más importantes de la planta. Dibujar partes separadas
permite reubicar las partes en el dibujo definitivo.
Ha sido muy bueno para mí como ilustradora poder concentrarme todo este tiempo en el dibujo. He podido dedicarle muchas horas de trabajo a mejorar mis técnicas para medir y trasladar objetos tridimensionales de formas bastante complejas al plano. Muchas veces tendía a pasar por alto algunos detalles por comodidad, para hacer las cosas más rápido, pero ahora me doy cuenta de que es muy necesario tomarse el tiempo de hacer cada cosa lo mejor posible, y que un buen dibujo necesariamente va a derivar en una buena pintura. Al principio tendía a demorarme bastante en terminar cada imagen, unos dos o tres días y se me hacía muy pesado, pero ahora que ya asimilé lo nuevo he vuelto a ganar velocidad (velocidad, no apuro). 
Por otro lado, me ha hecho ser más consciente de lo necesario y urgente que es difundir nuestra flora y fauna nativa, darle más valor fuera de los circuitos de los entendidos. Por mi trabajo conozco muchas personas que trabajan por la conservación de nuestro medio natural y que lo conocen a fondo. Todos ellos luchan por sacar sus proyectos adelante, a veces con bastantes problemas. En ese sentido, es fundamental que los conocimientos y el cariño hacia nuestro paisaje se extienda más allá de los circuitos profesionales relacionados e involucremos a toda la comunidad, y sobre todo a los niños, que son los futuros encargados de la conservación de plantas, animales y paisajes de nuestro país.
Flor de Lobelia tupa o Tabaco del Diablo.
Cada planta tiene su propia historia, su forma de adaptarse al medio y sus características. Lo lindo de dedicarle tiempo a cada una es todo lo que se aprende en términos botánicos y sobre todo porque al conocer algo mejor, se aprecia más. Cuando las personas conocen bien el medio natural que los rodea y le dan un valor -no material por supuesto-, lo cuidan. Es la clave para lograr que las comunidades se comprometan con los lugares que habitan. Lo más importante es educar y difundir.

Ilustración lineal terminada de Lobelia tupa.
Puedo decir finalmente que, estoy impresionada y feliz de ver cómo en otro país nuestra flora y medio natural en general son muy valorados. Eso es un tirón de orejas para todos nosotros y más que nada para el país que estamos construyendo día a día. Es urgente que logremos cambiar las políticas ambientales en Chile y que se nos garantice que nuestros hijos, nietos y bisnietos gozarán de un país diverso, sustentable, limpio y bonito.
Mi escritorio en el Herbario del RBGE.

*Pronto publicaré sobre algunas de las artistas que he conocido y sus trabajos, así como de exposiciones y páginas web interesantes donde podemos encontrar buenas ideas para aplicar en Chile.

La memoria naturalista

Este año tuve que dibujar y pintar varias especies del mar para la nueva exhibición del MNHN que se reabrió en Mayo. Fue como un curso intensivo de anatomía y técnicas para representar peces, moluscos y otros seres del mar.  Cada especie es estudiada a fondo, y el dibujo y los colores se analizan de varias maneras para comprenderlos al máximo y así lograr una buena representación. Este acto repetitivo termina por grabar los conocimientos de anatomía (dibujo) y color en la memoria y por lo tanto es posible volver a hacer una representación de la especie -o el objeto en general, por supuesto- sin estar frente al modelo. Aunque al tratarse de un recuerdo perdemos detalles y medidas exactas. Pero cuando no estoy trabajando para una entrega, si pinto un salmón o una trucha de memoria y sale un pez híbrido y con sonrisa, da lo mismo.
La imagen resultante no es igual al recuerdo ni al modelo, es además hecho en una milésima del tiempo otorgado a los originales (media hora versus 2 ó 3 días) pero tiene tanta o más vida, pues es más expresivo y tiene rostro más de personaje que de pez.

Esta pequeña reflexión me lleva también a pensar sobre un tema da vueltas en mi cabeza todo el día, sobre todo ahora que estoy inmersa en el mundo de la ilustración botánica: ¿cuáles son los límites entre arte e ilustración? y más allá: qué esperan las personas que aprenden las técnicas de la ilustración naturalista o científica: ¿siempre utilizarlas en el contexto científico, o quizás explorar más allá de esos límites y elaborar un discurso propio y original? Me propongo a mí misma la tarea de indagar con los ilustradores o aspirantes que estoy conociendo ahora, cuáles son sus expectativas y proyectos personales en este sentido. Apenas sepa les cuento.

Una semana en Benmore

Una de las lindas vistas del jardín.
Este viernes volví de una de las mejores semanas que he tenido hasta ahora durante mi viaje. Tuve la suerte de pasar una semana en el jardín botánico regional de Benmore, ubicado en la costa Este de Escocia, a un par de horas de Glasgow, en la península de Cowal. Este jardín también cuenta con muchas especies chilenas y un área dedicada a las araucarias y otras especies del sur de nuestro país, lo que obliga a reflexionar en torno a la importancia y rasgos únicos de nuestra flora nativa en el contexto mundial.
Fui como ayudante de las profesoras de Educación Ambiental Cath Evans (Cath trabaja permanentemente en el área educativa del RBGE) y Kate Walters, quienes cada año visitan por una semana los jardines regionales para hacer actividades de educación ambiental con los colegios locales. Desde el principio me gustó la idea de poder compartir con niños y profesoras locales, y sobre todo ver cuál sería el enfoque que el jardín botánico le daría a las actividades.
Kate y Cath planificando las clases ¡nótese las araucarias!
Durante la semana, trabajamos todas las mañanas con los niños de los colegios del área de Dunoon y Argyll y en las tardes pude continuar con mis ilustraciones, aunque confieso que me dediqué a recorrer el jardín y a aprender de mis compañeras más que nada. 
Las actividades que Cath y Kate hicieron con los niños este año se basaron en el concepto del Mapa como medio para conocer y entender el lugar que habitamos. Bajo esa idea se estructuraron diferentes ejercicios que pusimos en práctica, dividiendo los grupos en los pequeños que recién están aprendiendo a leer y escribir y en los mayores de hasta 12 años. 
Niños construyendo un mapa del lugar a través de objetos 
que encontraban en los alrededores.

En el caso de los más chicos, el trabajo se centró en un pequeño recorrido y observación profunda de una avenida de Sequoias. En este lugar la idea era conocer primero el paisaje que formaban los árboles y luego nos fuimos acercando hasta medir los troncos usando los cuerpos de cada uno como unidad de medida, y más adelante observamos otras formas de vida asociadas a los árboles, como musgos, ardillas, aves e insectos usando juegos, lupas, etc.
Una “paleta de colores” para usar más adelante en la clase de Arte.

Después de un par de horas al aire libre, con los niños pequeños realizamos un collage colectivo recreando la avenida de Sequoias. La idea era que cada uno de ellos recordara la mayor cantidad de características posibles para así poder colaborar con el collage.
Manos a la obra.

Mi amigo el horticultor Ian Potts mostrando uno de los
trabajos terminados.

Con los más grandes, se trató de recrear una expedición científica con campamento base y todo, donde los niños investigaron un área de 23 metros cuadrados, registrando plantas, insectos, medidas árboles, troncos, temperatura, etc. usando instrumentos “de verdad” y técnicas como dibujo, pintura y frotado. Cada alumnos debía elegir si sería Artista o Científico. 
Midiendo el área a trabajar.

Cath mostrando a los niños los implementos de Arte y Ciencias
para que hicieran su elección.
Quizás lo más importante para mí esta semana, fue volver a conectarme con la educación. Es muy estimulante experimentar en terreno la buena recepción que tiene de parte de niños y profesores el trabajo directo con la naturaleza. También es muy lindo ver que en un país como Escocia, donde el clima no es de los más amables, los niños trabajan afuera aunque esté lloviendo. Con sus botas de agua y sus impermeables, no se pierden la oportunidad de salir con la excusa de la lluvia o el viento. 
Investigadores en acción.

Cath y niños pegando los resultados de la investigación en el mapa.

El mapa.

Es muy importante que, donde quiera que estemos y con los recursos que tengamos, impulsemos el contacto conciente de los niños con el medio natural, y sobre todo fomentemos el conocimiento y el aprecio por el lugar donde vivimos. Ya sea una ciudad, un pueblo, un cerro o la playa, es nuestro deber que niños y jóvenes sepan dónde viven, la historia y ecosistemas que son parte de su hogar. Este es uno de los importantes pasos que tenemos que dar para rescatar el planeta del desastre en que se encuentra.
Invito a todos quienes hayan realizado actividades como esta a ponerse en contacto: crear redes hoy en día es vital para unir fuerzas en la difusión de los buenos hábitos y el aprecio al medio natural.
Links relacionados en Escocia e Inglaterra:
Y para terminar, mi aparición en el diario local the Dunoon Oberver: fueron a hacer un reportaje sobre las clases con los niños, y bueno, ¡pude contar mi historia!

Nuevas experiencias para pensar.



Lo mejor de los viajes es todo lo que pasa en nuestro interior. Todo lo que sentimos, pensamos y hacemos en el nuevo entorno de alguna manera nos cambia y nos hace cuestionarnos sobre cómo vivimos, qué queremos y lo mejor de todo es que el retorno también promete nuevas experiencias.
Durante la pasantía en el jardín botánico he estado trabajando en un conjunto de ilustraciones lineales, es decir, sólo dibujo. Se trata de un listado de plantas chilenas que me ha sugerido mi supervisor botánico Martin Gardner, que es un apasionado de la flora chilena. Él piensa de hecho que nuestra flora es única en su tipo y que Chile en este sentido es uno de sus países favoritos. También se asombra de las pocas políticas públicas que apuntan a la conservación de nuestro medio natural. Creo que en eso estamos todos de acuerdo.
Gracias a estas ilustraciones, me estoy concentrando principalmente en el dibujo, que es algo que siempre hay que estar trabajando y mejorando, pues es el esqueleto que sostiene todo lo demás.
Mi escritorio en el Herbario

Para cada planta que dibujo tengo a mi disposición el espécimen vivo, que mido y dibujo en grafito hasta lograr la composición que muestra la mayor cantidad de características. Una vez terminado el dibujo lo paso a papel de acuarela y trazo las líneas con pinceles y un gris neutro.
Trabajar de esta manera me ha ayudado a simplificar mis líneas y a darme cuenta de que soy más hábil con el pincel que con el lápiz para cierto tipo de líneas y marcas, y que el dibujo sí es lo más importante. Teniendo un buen dibujo de base, todo lo demás se hace mucho más fácil y el resultado es muchísimo mejor. Y es increíble como siempre hay miles de cosas que arreglar y mejorar.
Entre medio de este trabajo que es bastante exigente, han surgido otras oportunidades que me han ayudado a expandir la mente y a pensar en cómo quiero enfocar todo esto más adelante.
Ayer por ejemplo, pude asistir a un taller de pintura al óleo básica, basado en la exposición del colorista escocés Leslie Hunter en el City Arts Centre. El taller fue muy interesante y sobre todo relajado e informal, para gente que quería empezar a pintar. Lo disfruté mucho, y lo mejor de todo es que pinté un óleo después de casi diez años. Hace mucho que había dejado esta técnica, quizás porque manchaba mucho, por el olor, porque necesitaba muchas cosas…puras razones basadas en mañas y algo de frustración.

El paisaje que pinté en el City Arts Centre.

Por eso fue excelente pintar en esa atmósfera tan coloquial y relajada para descubrir que después de todo, no había para qué desecharlo para siempre y que la mejor actitud es estar abierta y no cerrarse a nada. Y esa es la actitud que ayuda al artista a crecer. Como no siempre me encuentro en ese estado de conciencia abierta, me decidí a aprovechar el impulso y me inscribí en otros talleres de arte para estimular mi creatividad, mis ganas, mis opciones y no encerrarme en un sólo camino en cuanto a técnicas. Creo que lo mejor es alimentar a los dos hemisferios del cerebro todo el tiempo mientras se pueda. Otra cosa buena, es que retomé mis diarios, que por años fueron un eje central para mi mundo personal y mi flujo creativo. Es una buena señal.

Una página de mi bitácora de viaje.

La importancia del tiempo.

Por qué el tiempo es importante para el trabajo.
“Mi depredador ha muerto” acuarela, 2012.
Este fin de semana fue particularmente interesante y productivo en términos de pensar en torno a qué quiero para mi trabajo, cómo quiero enfrentarlo, etc.
Como parte de la pasantía, tuve la oportunidad de participar del taller de dos días de la artista Rachel Pedder-Smith. Rachel concluyó hace poco un doctorado en Bellas Artes que consistió en pintar especímenes herborizados de plantas de la colección de Kew Gardens, usando un sistema de clasificación basado en el ADN de las especies. Ella demoró dos años en crear y postular este proyecto como tesis doctoral y 766 días más en su ejecución, obteniendo como resultado una gran acuarela de 5,33 metros de largo que muestra todas las plantas secas seleccionadas, tal como se ven en las carpetas del Herbario. 
Lo que más llamó mi atención de Rachel y su trabajo, es la disciplina y organización con que enfrenta su proyecto y al mismo tiempo su actitud sencilla y relajada al momento de pintar. Ella no necesita millones de instrumentos y pinceles para trabajar, ni miles de colores. Usa dos pinceles, uno de ellos viejo -su favorito- y otro que tiene que renovar cada semana. Es la primera artista botánica que conozco en este país que mete los dedos en la pintura y le da lo mismo.
La técnica que ha desarrollado es muy eficiente y rescata a la perfección las formas, colores y texturas de plantas, frutos y semillas que están aplastados y sin vida hace siglos, en algunos casos. Es increíble y muy bello cómo les vuelve a dar luz y alma a estas plantas de museo.
Rachel Pedder-Smith, detalle de “Herbarium Specimen Painting” 2011

Al tener la oportunidad de conocer la historia de este trabajo y de cómo la artista lo llevó a cabo, termino de entender lo que hace tiempo he estado reflexionando. Es imposible desarrollar un trabajo -artístico, científico, etc.- consistente y de excelencia sin tomar el tiempo que esto requiere en términos conceptuales, técnicos, de compromiso y emocionales.
Una buena idea, la obra más genial, puede morir antes de nacer si no le dedicamos el tiempo necesario para madurar y desarrollar su máximo potencial (y a su vez el máximo potencial del artista en ese momento).
En nuestro país, Chile, existe la sensación de la ejecución rápida en las artes es una virtud. Que el que se demora menos tiempo en crear un cuadro (ojalá muy grande) es el más hábil, capaz y entendido. Pero no puedo estar menos de acuerdo. Muchas veces me he encontrado con artistas muy prolíficos y que trabajan en grandes formatos, pero que al mirar de cerca podemos notar el apuro en la ejecución. Hay una concepción de que cantidad y gran formato es mejor que calidad. Cuidado con este prejuicio.
Personalmente, muchas veces me solicitan trabajos de alta dificultad, pero quienes los encargan no cuentan con que este es un oficio altamente técnico y riguroso, y que trabajar contra el tiempo sólo va en desmedro del resultado y por lo tanto del producto final. Las personas que desarrollan proyectos editoriales o de otro tipo y que usan ilustraciones en Chile no están acostumbrados a organizar los tiempos de manera que se optimice el trabajo de ilustración, sobre todo si se trata de ciencias. 
Rachel Pedder-Smith “Afzelia africana


Aquí he aprendido que los trabajos de excelencia invierten más que nada en tiempo, y que esa gran ventaja los lleva a ser lo que son.
Me incluyo por supuesto en esta crítica, pues sé que si a mi último proyecto le hubiese dedicado más tiempo, es decir lo necesario, habría sido mucho más completo, mejor hecho, etc. Hoy lo veo sin duda como el inicio de algo más grande, jamás como algo terminado (me refiero a la serie de trabajos basados en Marianne North).

Es una tarea colectiva en nuestro país revertir la cultura de la velocidad porque finalmente lo único que sale de ahí son ideas mal terminadas, que pudieron ser mucho más pero no se les dio tiempo.

La importancia de la técnica

En este momento de intenso trabajo en dibujo y pintura, he estado pensando mucho en lo importante que es tener un excelente dominio técnico de los medios que uno elige para trabajar, ya sea como artista, ilustradora, etc. Desde que empecé a ilustrar Botánica y Ciencias Naturales, me obsesioné con perfeccionar mi técnica al máximo. También dentro de mi trabajo artístico, que se nutre de la tradición Naturalista, es fundamental que el dominio técnico sea impecable.
Sólo el trabajo constante permite superar las propias limitaciones y miedos. Como en cualquier disciplina, no hay tiempo para dormirse en los laureles.
Ahora estoy tomando un curso de Ilustración Botánica que parte desde cero. Hay que hacer todos los ejercicios desde el principio, los mismos que enseño. Es impresionante todo lo que se aprende de ellos, porque por muy simples que puedan parecer, ayudan a ver cuáles son las debilidades y así es posible dedicar tiempo a mejorarlas. Por eso recomiendo a todos de vez en cuando volver atrás a hacer esas cosas que a veces creímos aburridas o inútiles…¡podrían sorprenderse!