Araucarias Nahuelbuta Mi Naturalismo Geraldine MacKinnon Naturaleza

Decálogo de Mi Naturalismo – Escuela Online de Ilustración Botánica.

Mi proyecto soñado: ¿Cuál es el tuyo?

Éste es un tema que me está dando vueltas últimamente, y no paro de pensar: ¿cuáles son esos proyectos que realmente sueño con hacer? Los que me tendrían trabajando sin descanso, obsesionada y feliz pese a las dificultades: ¿cómo serían?
Toda la vida me he sentido irremediablemente atraída por culturas lejanas, lugares exóticos y pueblos distintos. Tengo una especie de “deformación” (¡no digo que sea algo malo!) de exploradora, y siempre sueño con subirme a un avión y partir a una selva, a un bosque, a una isla, a una montaña muy muy lejana. Esto algunas veces me ha hecho sentir un poco mal, porque hoy en día estamos esforzándonos para que nuestra flora nativa sea apreciada como lo merece, y yo estoy en secreto pensando en estos lugares lejanos.
Será por eso que siempre quise estudiar arqueología, porque soñaba con ser como Indiana Jones, y era un sueño serio.
Veo fotos de flores realmente bellas en las montañas de Grecia o en valles en China, y quiero ir. No puedo creerlo cuando mi amiga Isik Günner publica las fotos de tulipanes silvestres en Turquía. Sueño con ir al Sakura en Japón y sacarme fotos con los cerezos en flor y de paso conocer otras flores de ese país.
Cuando en 2012 llegué al Jardín Botánico de Edimburgo, lo que más quería era dibujar plantas de países como China, Brasil, Ecuador o realmente donde fuera. Y tuve que dibujar plantas chilenas, y sólo en línea negra. Fue un balde de agua fría al principio pero después me reconcilié, amé las plantas chilenas y las dibujé feliz. La vida te da sorpresas y te enseña cosas, ¡es así!

Con los amados copihues en Edimburgo, 2012.

Por eso cuando mi amiga Wendy Hollender me invitó a Kaua’i dije que sí en seguida e hice todo lo posible por juntar el dinero para ir, dos años seguidos (y el 2020 lo haré otra vez). Sólo para poder estar dos semanas en la selva polinésica, sentir el calor tropical y pintar plantas de cualquier país tropical del mundo. ¡No puedo resistirme!

Mi mesa de trabajo en el National Tropical Botanic Garden de Kaua’i, USA, un año atrás.

Hace unos días atrás, mi marido estaba en la lejana Palestina y visitó un lindo valle donde cultivan olivos y viñedos. Estando ahí, me mandó fotos de las flores silvestres que vio, y simplemente me encantaron.
No son flores tan raras, están en todo el Medio Oriente y Norte de África -ignoro totalmente la situación de las especies nativas de la zona de Palestina e Israel, y ahí justamente es donde se instala el bichito explorador-. Hay amapolas, iris silvestres (bellos!!!), leguminosas, un tipo de cardos, y otras flores que aquí son consideradas maleza, seguro allá también. Y están por supuesto los milenarios olivos.

Amapolas en Palestina, foto por Víctor Mahana.
Cistus albidus en Palestina, foto por Víctor Mahana.
Iris silvestres en Palestina, foto por Víctor Mahana.

Y al lado de todo eso, un alto muro gris de cemento (la “serpiente gris”), que es el que ha ido construyendo Israel para separar a los palestinos de sus territorios ancestrales. Esto sí que me sorprendió: las flores creciendo ignorantes (¿o no?) de este muro y sus implicancias.
Este tema me cautivó profundamente: todas las plantas que se han cultivado en esas tierras por milenios, con las personas que viven de esos cultivos, hoy están divididas por este muro que protege súper carreteras modernas que los palestinos tienen prohibido usar. Los palestinos tienen prohibido el acceso a muchas cosas y lugares, y sufren constantes malos tratos. Las mujeres sobre todo, tienen muy poco acceso al trabajo y sus ciudades se han ido quedando atrás en el desarrollo mientras que Israel crece y crece. Los palestinos tienen agua potable sólo dos días a la semana porque Israel así lo quiere, y no tienen permitido sacar agua de las napas del subsuelo.

El muro. Foto por Víctor Mahana.

Pienso en este tema como uno que me interesaría mucho desarrollar. Las plantas, los cultivos, el florecimiento están ligados al bienestar de las personas, a la sustentabilidad, al alimento y la protección. Las mujeres podrían pintar las plantas que cultivan y cocinan. Y la pared, aunque es inamovible, puede ser testigo de todo eso.
Éstas son las ideas que me atraen más. La ilustración de plantas y naturaleza puede ir más allá. Puede hablar de temas profundos y polémicos de una manera amable y elegante. Sin caer en la agresividad. Puedes ser una guerrillera de las plantas y hacerlo con sabiduría y estilo. Te aseguro que así, llegamos a mucha más gente y muy diversa. Quiero intentarlo.
¿Y a ti, qué proyectos o ideas te apasionan? ¿Hay temas que te tienen pensando y que necesitas desarrollar y mostrar al mundo?
Cuéntame cuáles son, te apuesto que si lo analizamos, puedes hacerlo.

El Collage como alternativa creativa.


La página dedicada a las flores – Diario de Collages 2019

Estoy de vacaciones hace algunos días con mi familia, en la playa. Han sido días muy agradables de descanso, vida familiar, y casi desconexión total. Digo casi, porque esta vez he dejado una pequeña ventana de trabajo abierta para que cuando llegue marzo no me encuentre con una montaña de cosas por hacer si no con un cerro manejable (espero!!!).

Cada vez que venimos a la playa, traigo conmigo una bolsa llena de materiales para pintar, que sé que no usaré. Ellos vienen de paseo “por si acaso” hay tiempo, por si encuentro algo bonito, y muchos etcéteras. Pero siendo honesta cuando estoy de vacaciones, no tengo ganas de hacer lo mismo de siempre. Me mentí por años, pensando que tenía esa capacidad de pintar con una hija de dos meses, o muy cansada, o con una niña que solo quiere jugar, etc. Pero esta vez, aunque seguí con el autoengaño y me traje mis acuarelas hechas a mano (claro, porque no son las de trabajo, son las de amor al arte, diversión), traje otros materiales que sí estoy disfrutando un montón y de hecho, agradezco haber tenido la idea.

Motivada por el post de una gran amiga editora en Instagram, donde contaba que tomó un curso de collage con la gran Alejandra Acosta y que estaba feliz, me dije: “Hace unos 15 años atrás hacías muchos collages y te encantaba. De hecho, por más de un año fueron tu obra plástica. Retómalo!!!”

Simplemente sacar una página y ponerla en mi cuaderno hace que quiera hacer cosas con ella. 


Y así lo hice. Me compré un cuaderno súper grande (en las fotos) y con un papel para multi técnicas (podría habérmelo ahorrado, pero tengo el mal de querer un cuaderno nuevo para TODO). También compré una barra de pegamento y puse una tijera en el estuche. Eso es todo lo que se necesita. El tesoro son las imágenes. Fui tras los pasos de mi amiga y llegué a un vendedor de libros usados que es como el proveedor de todos los vendedores de libros usados, un Diógenes de VERDAD. Y me compré dos volúmenes empastados de enciclopedias Códex, unas enciclopedias chilenas de los 50′-60’s que deben haber sido bastante buenas en su tiempo, con mucha información de muchos temas. Hoy día, lógicamente, está obsoleta en la gran mayoría de los temas, porque el planeta ha cambiado demasiado en 60 años. Pero las ilustraciones son un puente al pasado muy bello, tienen algo especial que cautiva. Será que todos son dibujos a mano, no existen fotos. Sólo dibujos e infografías a mano. Fantástico.

Este collage es la mitad de una imagen que construí pensando en mis acuarelas hechas a mano y en los diferentes intereses que he estado cultivando los últimos años.

Me demoré unas dos semanas en poder recortar esas enciclopedias. Las miré por varios días, recordé cosas. Pero aquí en la playa me libero de lo estricto, así que las recorté y ha sido muy entretenido. No tiene propósito alguno, sólo diversión. Y estoy creando pero de forma relajada, sin presiones de ningún tipo. Ésos momentos creativos son geniales porque son muy transparentes. Arte por el arte.

Creo que es positivo hacer un buen balance entre el artista y el científico. El tiempo haciendo Ilustración Botánica igual me distanció del lado más creativo y libre. Siento que los científicos creen que el proceso del arte es igual al de la ciencia pero no. El arte es espontáneo y sin ataduras, libre. Las cosas no tienen que ser útiles en el arte.
Por otro lado, tener ciertos límites y restricciones ayuda a aprender muy bien una metodología o técnica. Pero la libertad creativa sin límites, no tiene precio.

Este es el collage donde muestro las ganas que tengo de visitar Japón.

Como ves, son selecciones de cosas que me gustaron. Ahora si quiero puedo dejarlas así o hacer algo más en las páginas, que también es muy entretenido. Es muy bueno tener un arte por el arte en la vida.
¿Tienes un espacio de creatividad propio, feliz, y que no se sienta como un trabajo o bajo presión? Cuéntanos para saber.

Arriba y abajo.

Este es mi cuaderno 🙂


Ciclos profesionales: evolucionar y avanzar.

El mes de enero ha transcurrido algo caótico y ocupado, pero muy feliz, pues el verano es así. Aunque haya mil cosas que hacer y la casa se desordene y la ropa circule por todos lados, no importa. La luz, el sol y los colores hacen lo suyo.
Tengo la mente a mil, hace un tiempo que estoy pensando muchas cosas y ha sido difícil ordenarlas. Como comenté en el post anterior, estoy entrando en un año especial donde se cumplen varios ciclos de mi vida y aunque pensé que no sería así, no he parado de reflexionar y me pasan cosas constantemente.
Tratando de entender mis ciclos, me doy cuenta de que las décadas son importantes. Es inevitable detenerse a mirar cuando llevo 10 años haciendo algo. Y ésta es la primera vez en mi vida, de hecho, en que he logrado hacer algo por 10 años. Pero ahora me doy cuenta de que es así porque he querido.

En este final / inicio de ciclo, pienso en hacia dónde dirigir mi barco. Cómo me veo en los próximos dos o cinco años. ¿Qué quiero estar haciendo en dos años más? ¿Cómo es mi vida ideal? ¿Cuáles son mis metas hoy?

Las metas cambian. Mis objetivos de 4 años atrás eran diferentes. Estaba obsesionada con llevar mi ilustración botánica a la perfección máxima (para mí) a cualquier costo. Quería estar en todas las situaciones, llegar a circuitos internacionales. Iniciar cosas. Entre esos deseos -varios cumplidos-, me estresé, me estrujé varias veces, pensé sólo en trabajo por días y días. Es fácil obsesionarse con la Ilustración Botánica. Estamos todas conectadas en Instagram, viendo las obras maravillosas, publicaciones, productos y logros de mucha gente que pareciera estar sólo pintando, viajando, gozando de sus profesiones. Y en eso empieza un ciclo de auto exigencia, de pedirse más y más.

Un consejo no solicitado: no colgar la autoestima en la cuenta de Instagram.

De pronto, hace varios meses, esos deseos/impulsos empezaron a calmarse. Empecé a redefinir lo que quiero para mí, incluso quién soy -en lo profesional. Ya no siento esas ganas irrefrenables de estar en todo. Ahora quiero estar en lo que realmente me hace sentido a mí y no al deber ser. Asumí que mi rol principal en todos estos años ha sido enseñar y ayudar a formarse a muchos otros, y que muchos de ellos han cambiado sus vidas positivamente, han logrado hacer sus caminos, y eso me llena de orgullo. Y en el despliegue de ese rol, que ha sido tan fundamental y maravilloso, he aprendido miles de cosas, crecido montones y sobre todo, calmado.

Y por primera vez, puedo visualizar la vida que realmente quiero tener, y hacer un mapa claro que puedo seguir y dibujar con claridad, para no perderme.

Es bueno tener un período de confusión para después ordenarse y seguir. Empezando por no decirle sí a todo, y definir quién quiero ser. Y ahora, el mantra principal es: hacer solamente lo que me encante hacer. El resto: gracias por todo, adiós. A lo Marie Kondo.

Collage, 2005.

Voy a escribir aquí algunas de las preguntas que me he hecho últimamente, quizás te puede ayudar en tu proceso profesional o creativo.

1) De todo el trabajo -o los trabajos- que hago, ¿qué es lo que más me gusta? ¿qué es lo que menos me gusta?

2) ¿Puedo dejar de hacer lo que no me gusta, o puedo pedirle a otra persona que lo haga?

3) ¿Qué me veo haciendo durante todo el 2019?

4) ¿Qué me veo haciendo los próximos 5 años?

Y aquí algunos tips para ordenar mente y espacio físico (acabo de hacerlo y es bacán):

Ordena tu espacio de trabajo. Bota/recicla todos los papeles que se amontonan y que sinceramente, no usarás. Saca los materiales de arte que ya no usas, puedes regalárselos a otro artista o venderlos.
Lo mismo con los libros que ya no vas a leer. Te lo dice una coleccionista de libros: puedes desprenderte de algunos, y más adelante reemplazarlos por otros que sí te hacen sentido AHORA.

Haz tu calendario de trabajo del año. Esto lo llevo haciendo todo enero, y seguiré en febrero. Voy a meter todo en el calendario. Así puedo ver mi año y aunque puede cambiar, sé cuándo, cómo y dónde van a pasar las cosas. Podré anticiparme y prepararme mejor.

Organiza momentos de creatividad que no sean de trabajo. Con Instagram sobre nuestras cabezas, es más difícil que antes dejarse momentos creativos libres, donde nada es para las redes, para los otros. Con esta forma de estar siempre compartiendo todo, no dejamos espacios íntimos y libres para dar rienda suelta a nuestra creatividad y por lo tanto, enriquecer nuestro arte. La ilustración botánica es eso, ilustrar plantas para ciencia (versión reduccionista, ojo). Pero y ¿tu aporte creativo? ¿dónde queda? Yo tengo unas prácticas artísticas personales que son sólo mías y me ayudan a estar creativa y abierta de mente. No hay nada peor que un artista que se vuelve conservador(a). ¡Que no te pase! -me pasó un tiempo pero ya se me quitó 🙂

Y lo último: amamos nuestro trabajo artístico. Lo hacemos porque dibujamos/creamos desde siempre. Pero recuerda que es tu trabajo. Hazlo lo mejor posible, organízate y tómatelo muy en serio, para que te vaya bien, para que si cambias de trabajo, sea porque tú quieres hacer otra cosa.

Abrazos grandes y espero tus comentarios!

Otro año enseñando en la Senda Darwin: reflexiones de una aventura en movimiento.

     
       Trabajo final de curso de Lucía Zucherino (La Plata, Argentina). Canelo.

Estoy en el aeropuerto El Tepual de Puerto Montt esperando mi vuelo a Santiago después de 10 días compartiendo, enseñando y aprendiendo en la estación biológica Senda Darwin, Ancud, Chiloé. Hace ya 4 años nació este hijo colectivo de la creatividad y sueños de un grupo de mujeres apasionadas y llenas de ideas para cambiar el mundo. Cada año, convocamos a personas de diversas procedencias, áreas profesionales, edades y nacionalidades para acompañarnos a mirar y entender nuestra naturaleza desde una perspectiva abierta, donde las ideas y miradas diferentes convergen en un objetivo común: comunicar.

Día 0: lo primero que hacen los estudiantes al llegar es conocer la Senda y su bosque, además de los experimentos y estudios científicos que allí se realizan.

Me tomó años entender que ése es el gran objetivo de nuestro trabajo colaborativo. En los inicios, mi postura se centraba en enseñar y hablar de la ilustración botánica como algo aislado, como “mi área” de expertise aislada de las demás. Ha sido un largo aprendizaje comprender cómo se trabaja inter disciplinariamente, pues no se trata de que cada profesional defienda su territorio imponiendo su visión a los demás -algo que me ha pasado en las dos direcciones-, si no de fundir las áreas para crear una nueva fuente de pensamiento común, diversa y exponencialmente creativa. Es lo que hace un tiempo atrás llamé “el tercer lenguaje o tercer producto”. Es un encuentro de áreas del pensamiento que dan origen a una forma inédita donde no existen los bordes ni las jerarquías. Sí existen las prioridades, los objetivos y una ideología (postura) común.

Estudios sobre el Matico y su interacción con el abejorro chileno, Juan José Richards (Santiago, Chile).

El despertar a esta nueva forma de trabajar y relacionarse es un camino sin retorno.
Este año, después de todo lo recorrido, nuestro equipo logró esa conexión, esa fluidez que equilibra y otorga el espacio que merece cada uno de los saberes que conforman nuestra propuesta. En este contexto, donde todo es importante, los egos personales no son relevantes y las relaciones mejoran. Los estudiantes lo perciben y actúan entre ellos de la misma manera: son respetuosos, abiertos, colaboran entre sí y crean lazos que de seguro se mantendrán en el tiempo. Profesores y alumnos forman un grupo horizontal donde todos los involucrados enseñan y aprenden. Aquí se produce un punto de inflexión, donde la formalidad del curso (lo que se enseña en concreto) se transforma en un vehículo que nos lleva a una reflexión mayor: ya no estamos enseñando ilustración de plantas, ni botánica, ni cómo funciona la ciencia. Estamos entregando herramientas visuales y conceptuales para el pensamiento crítico, para la creación de contenidos insospechados y para la formación de agentes de cambio. Este año, más que los anteriores, los alumnos percibieron un cambio en sus modos de ver al otro (arista versus científico) y los límites profesionales se borraron. Pudimos conversar de naturaleza, de ciencia, de arte, de filosofía y de cómo plantear nuestro quehacer en el contexto latinoamericano. Cómo conectarnos con la comunidad latinoamericana que se encuentra influenciada por esta misma energía.

Trabajando en el invernadero

Esto me hace pensar y poner mis fichas en la nueva generación de profesionales del arte (humanidades) y la ciencia en nuestro continente. Entre nosotros circula una fuerza joven, creativa, apasionada y con la formación más que suficiente para unirse y romper los esquemas establecidos con una mirada nueva, positiva y muy generosa. Todos ellos sienten este movimiento naciente, todos saben que forman parte de él. El siguiente paso para pasar de las ideas y proyectos aislados a la acción colectiva y a mayor escala radica en nuestra capacidad para articularnos, unirnos, construir espacios de comunicación sólidos y ampararnos unos a otros de todas las maneras posibles.
Sé que todo esto es ambicioso y tomará tiempo, pero en los últimos 10 años hemos visto los cambios. Día a día aparecen nuevos proyectos, nuevas iniciativas y nuevas personas. La masa crítica está. El momento es el oportuno.
Es hora de la acción para generar cambios.

Link al Album de fotos Senda Darwin 2018

Arte, Ciencia y el Tercer Lenguaje.

Ilustraciones de corales recortadas en un gabinete, por Rodrigo Arteaga, 2016.

Hace ya bastante tiempo que se viene hablando de una revitalizada relación entre el Arte y la Ciencia, en muchos niveles. Al menos en mis últimos 15 años de trabajo he sido testigo de cómo esta antigua dupla ha ido tomando fuerza desde ambos campos. Cada vez más vemos a artistas visuales de todos los calibres interesarse por temas científicos y asociarse con profesionales de la ciencia para articular sus obras, y también hay muchos científicos que han sacado sus mentes a pasear por las manifestaciones artísticas, a veces con la idea de difundir su trabajo a través de lo visual, pero también porque simplemente les atrae.
En mi experiencia como profesora de Ilustración Botánica tengo una pequeña muestra de este fenómeno, cuando recibo a artistas (incluyo diseñadores, arquitectos, actores, etc.) declarando que siempre quisieron ser científicos pero no “eran buenos” para las matemáticas, y a muchos científicos que confiesan que siempre quisieron dibujar y pintar pero que por diferentes motivos lo dejaron de lado. En este caso particular, ellos quieren aprender a dibujar plantas para borrar ese molesto límite.

El laboratorio: un nuevo espacio de taller para los artistas.
Foto: G. MacKinnon 2013.

Mucho se habla de que el método científico de investigación tiene una gran relación con los métodos de investigación y creación de los artistas, y pienso que es cierto. Hoy en día, no estar atentos a esta similitud y a los cambios de paradigma es no poner atención a los procesos que están pasando en estos ámbitos del conocimiento y la cultura. En este sentido, es muy importante que el ámbito académico se haga parte de este proceso involucrándose e incluyendo esta perspectiva en su curriculum. No hacerlo, es estar ciego y no acoger a las inquietudes de una juventud que es más dinámica, más inclusiva, curiosa, investigadora y que está ávida de precisamente, borrar fronteras.

En Chile (y en América Latina) estamos viviendo un situación especialmente privilegiada, pues se está formando a paso firme una gran masa de jóvenes profesionales de lo dos mundos que quieren trabajar en esta dirección, y poco a poco están creando este “tercer lenguaje”, que todavía no tiene nombre (a menos que ya alguien se lo haya puesto, pero no he leído ese paper) pero que cada vez cobra más fuerza.

Este Tercer Lenguaje, una especie de “Quinto Elemento” del conocimiento, aparece en el mapa como posibilidades infinitas de expresión, de creación, de comunicación y de expansión del conocimiento y el sentir humano que antes se vieron encasillados en archivadores demasiado restringidos, demasiado estandarizados. De hecho, los científicos por siglos han intentado borrar toda huella de “humanidad” en los resultados de sus investigaciones y en sus imágenes, persiguiendo la hoy cuestionada “objetividad”. Los artistas por otra parte, también se encerraron en su lenguaje críptico, hablando sólo entre ellos, casi abandonando al espectador a su suerte. Arte y Ciencia, rompe este esquema. Es acercar, es cuestionar, es comunicar. No de maneras necesariamente obvias o didácticas, pero sí inclusivas.

Colecciones estéticamente hermosas para aprender a ilustrar plantas.

Este diálogo es potente, es amplio, es infinito. Puede desarrollarse desde los viejos oficios, como la ilustración con lápiz y pincel, o desde la Realidad Virtual y las Redes Sociales. Todos los quehaceres y saberes pueden tener un espacio. Todas las ideas aportan al Todo. Es esencialmente colaborativo. Y colaborar es la nueva perspectiva con que podemos mirar la Evolución, las relaciones humanas, la educación, los gobiernos. ¿Competir? Competir es hoy algo antiguo, un concepto que no nos sirve y estamos dejando atrás.
Es de esperar que las generaciones que están viviendo este cambio abracen este concepto y lo hagan suyo, y se olviden de esa palabra que habla de un fuerte pisando a un débil.

Aquí les dejo tres lecturas y un link, para ahondar en estos temas:

The Mushroom at the End of the World

Staying With The Trouble

Objectivity

https://www.artemasciencia.org/

Traducción del artículo sobre Marianne North en Z-Dergisi / Revista Z, Estambul

Marianne North y su última aventura a un Chile salvaje.
Geraldine MacKinnon.
Z-Magazine, Estambul, Septiembre de 2017.
(Traducción hecha por mí, sin editar)


“El sueño de la Naturalista” Acuarela sobre papel, 2011. Esta obra 
ilustra el deseo de Marianne North de venir a nuestro país. Las flores 
en la imagen forman parte de sus pinturas.


La primera naturalista que estudié cuando empecé a trabajar como ilustradora botánica fue Marianne North. Encontré por accidente un sitio web con partes de su biografía y obras el año 2009 y me sorprendió mucho saber que había venido a Chile a pintar nuestras hermosas plantas en 1884. No conocía la gran mayoría de las especies, así que empecé a investigar.

Marianne North nació en Hastings, Inglaterra en 1830. Esta dama Victoriana representa a la perfección el espíritu aventurero de muchas mujeres europeas de su época, quienes atraídas por la idea de conocer nuevos mundos salvajes, abandonaron las comodidades de sus vidas en la riqueza y emprendieron largos viajes en la búsqueda de nuevos horizontes. Muchas de ellas querían desentrañar los secretos ocultos de la naturaleza, estudiando ciencias naturales o antropología. Otras eran cazadoras, pescadoras o coleccionistas de aves, plantas e insectos.
Entre 1870 y 1920 conocimos a las primeras mujeres que desarrollaron lo que hoy conocemos como “conciencia ecológica”, y dedicaron sus vidas a escribir y hablar sobre la importancia de proteger animales y plantas, y promovieron el cultivo de huertos en las casas y en los espacios públicos. Algunas escribieron e ilustraron literatura infantil para educar a los pequeños, enseñándoles a respetar y cuidar a los animales.
El caso de North es bastante especial. Hija de un importante político inglés (Friederick North), estudió canto y música desde muy pequeña, pero más tarde decidió dedicar su tiempo a pintar con acuarela -técnica tremendamente popular entre las niñas y mujeres de su tiempo-. Marianne era muy cercana a su padre y nunca se casó. Junto a él recorrieron Europa y visitaron lugares exóticos y antiguos como Egipto, Italia y Grecia. Poco después de cumplir los 40 años, su padre fallece y Marianne entró en una fuerte tristeza y depresión.
Pronto decide dejar su casa en Inglaterra y viaja a Canada con una amiga, pero pronto se da cuenta de que prefiere estar sola, así que continúa sus viajes sin compañía. Desde ese momento, Marianne empieza a pintar al óleo sobre madera cubierta en tela. Decide pintar cada paisaje y planta que llama su atención. Decide que pintar la naturaleza será su nuevo estilo de vida y con el dinero de su herencia financia sus viajes a Estados Unidos, Jamaica, Brasil, Tenerife, Japón, Singapur, Sarawak, Java, Sri Lanka, India, Australia, Nueva Zelandia, Sudáfrica, las islas Seychelles y por último, Chile. Algunas de las plantas que pintó fueron descubiertas por ella y, por lo tanto, llevan su nombre.

Su viaje a Chile en 1884 duró solamente cuatro meses pero dio origen a las más hermosas pinturas de la singular flora chilena y a paisajes que hoy no existen. Esto ilustra la fuerza de su deseo descubridor y de mostrar en su país lo bello de lo que llamó “el jardín del mundo”. 
Los escenarios que Marianne pintó han cambiado radicalmente: algunos lugares que en ese entonces eran fundos privados hoy son áreas de conservación (por ejemplo el PN Nahuelbuta), aunque otros han tenido peor suerte, como las hermosas costas deshabitadas de Concón donde la vida silvestre lucha por sobrevivir en unos pocos kilómetros cuadrados.

“Araucarias en Nahuelbuta”. Acuarela sobre papel, 2011.


Lo que la trajo a Chile en primera instancia fue la necesidad de completar su colección de Araucarias del mundo: ya había pintado la especie brasileña y la australiana. La búsqueda de las Puyas o Chaguales que crecen en la costa y los cerros de la zona central también llamaban su atención. Así, pintó las magníficas araucarias que vio en la Cordillera de Nahuelbuta. En la misma región, hacia el este se encuentra Lonquimay: una localidad andina donde crecen antiguos bosques de araucaria. Lonquimay aun es una hermosa provincia que alberga a estos impresionantes árboles. Cada otoño comienzan a caer abundantes nevadas que a veces aíslan a sus habitantes. Las araucarias permanecen en silencio en las montañas blancas y solitarias.

Mucha gente le advirtió que no viniera, pues su salud se había debilitado mucho con todas las largas y difíciles travesías en barco. Pero la obsesión por terminar su gran obra era más fuerte que cualquier cosa. Después de este, su último viaje, North vuelve a Inglaterra para construir con sus propios recursos la famosa galería que alberga sus más de 800 pinturas en el Jardín Botánico de Kew. Ella misma diseñó el pequeño edificio.

El aspecto más relevante de este registro para nosotros como chilenos es que nos permite visualizar lo hermoso que era nuestro país antes del desarrollo industrial del siglo XX. Es a la vez reconfortante y triste ver estas hermosas pinturas en la galería de Kew: hasta pareciera ser un paraíso exótico, como cualquier lugar tropical. Por muchos años -y hasta hoy en muchos casos- los escolares aprenden sobre la naturaleza chilena de un modo muy general, donde se les mencionan apenas un par de flores como el copihue (Lapageria rosea) y alguna que otra, con suerte. Si la obra de North pudiera entrar a las salas de clase, los niños y adolescentes verían la joya que tenemos y lo importante que es cuidar de lo poco que nos queda.

Esta investigación ayudó a conectarme con la belleza y fragilidad de mi país con su variedad de paisajes y además, reafirmó mi obsesión como mujer artista: dedicar mi trabajo a registrar y mostrar las plantas en un mundo donde es urgente hacer cambios profundos en cómo los humanos nos relacionamos con todos los otros seres.

Marianne North: mujer, viajera y exploradora del siglo XIX es en primer lugar admirable por hacer su sueño realidad a pesar de las dificultades de su tiempo. Ella quería ver el mundo con sus propios ojos.

Puedes ver la investigación que realicé el 2011 en el siguiente link:

Conociendo nuevas acuarelas: QOR.

Ayer fui invitada por mis amigos de Plop! Galería y Color Animal a un taller donde nos mostraron productos nuevos de la marca de pinturas Golden (USA). Lo que más me interesó era conocer las acuarelas QOR, que aunque ya llevan varios meses en venta nunca había probado, ni tampoco tenía referencias de nadie que las estuviera usando.
Les doy las gracias a Gisella Trucco y Paul (artista Golden) que fueron muy amables y nos contaron de qué se trataban estas acuarelas y unos acrílicos llamados High Flow bien choros pero que, como no uso, no puse mucha atención.

Como ustedes saben, uso solamente acuarelas de calidad Artista o Profesional y tengo mis marcas favoritas (además colores favoritos en cada una), la mayoría tradicionales en su formulación (con la receta antigua de goma arábica):

1) Winsor & Newton
2) Daniel Smith
3) Old Holland
5) Schminke

QOR tiene una característica interesante, pues ellos usan un aglutinante sintético que es similar a la goma arábica pero tiene la gracia de que es 100% transparente (la goma es levemente como miel más amarilla) y que además puede cargar altas cantidades de pigmento, supuestamente 4 veces más que la goma natural. Esto hace que los colores sean muy muy saturados y que con un poquito puedas pintar una gran superficie y alcanzar una gama tonal más amplia.

Los estuve probando con algunas técnicas de las que uso comúnmente y se ven muy bien, también son agradables al pintar. No usé mi papel de siempre pero probé en un Arches Cold Press y en un Hahnemülle Bamboo que es bien rico, pero no lo suficientemente liso para ilustración científica. Puede usarse para todo lo demás, obviamente 🙂

Lo no tan bueno es que cada tubo de 11ml cuesta sobre $10.000, o sea son una mega inversión. Pero, supuestamente deberían durar más por la alta concentración de pintura. Mis pruebas no dieron como para saber eso, así que hoy fui y me compré dos colores que en general uso mucho y que ayer probé, Indigo y Green Gold. Ambos anduvieron muy bien y el color es muy lindo, y es verdad que cuando secan quedan iguales.

Bueno, esa fue mi experiencia con esta nueva marca, ya les iré contando más cuando los conozca mejor. Y ojo: esto no es un infomercial! Lo hago porque me gusta escribir lo que hago y compartirlo con ustedes.

¡Suerte con las pinturas!

No tenerle miedo al Negro

En las escuelas de Arte (Universidades) al enseñar pintura, se suele poner al negro en un lugar poco amable y se les exige a los alumnos eliminarlo completamente de sus paletas. Al menos en mi caso fue así, y lo he escuchado varias veces de amigos pintores que recuerdan a sus profesores prohibir el uso de los pigmentos negros, como el Mars Black (el más antiguo de los negros) o el Lamp Black.
El argumento utilizado era que el negro era demasiado invasor y que tendía a ensuciar los colores y a aplanar las sombras, y además se asociaba con el negro de la tinta del cómic.
En mi clase, a cambio del negro el profesor nos enseñaba a mezclar “negros ópticos”, que se obtenían mezclando Azul Ultramar y Tierra de Sombra Tostada, independiente de la paleta que se estuviera utilizando…que por lo demás, era muy reducida y sin un análisis de por medio.

En ilustración botánica, también está la idea de evitar el negro. Sin embargo, este pigmento sí puede ser una gran herramienta en ciertos casos si se usa complementando los negros ópticos, sin abusar de él.

Actualmente estoy trabajando con plantas de orquídeas chilenas del Herbario Nacional. Las hojas de las orquídeas, que mientras están vivas son de un color verde muy vibrante, se tornan negruzcas, rojizas y de un lindo color cobrizo al secarse adecuadamente. Además, muchas de las especies chilenas tienen los ápices y venas de sus pétalos teñidos de un intenso negro verdoso, que contrasta hermosamente con el blanco del fondo. Esto les da un aspecto gráfico y hasta un poco tenebroso.
En esta pintura, he utilizado sólo tres colores primarios, como suelo hacer: un rojo, un azul y un amarillo. Sin embargo, al momento de dar toques finales de contraste decidí usar negro en pequeñas cantidades, y es increíble cómo le da fuerza y nitidez al trabajo.
Como todos los pigmentos demasiado dominantes -por ejemplo Verde Viridian, Pthalo Blue, Opera Rose-, es necesario usarlo con cuidado, pues sí es cierto que en exceso ensuciará la atmósfera que se ha logrado con los otros colores y tiende a empobrecer las sombras, que también pueden tener una linda variedad de colores y tonos. 
Les recomiendo atreverse a usar el negro cuando lo consideren necesario, sobre todo cuando se trate de modelos de aspecto oscuro y duro, que necesitan de un alto contraste y sombra para verse naturales.